Mi primer trabajo de oficina
Harta de trabajar de camarera, decido postularme para un puesto muy peculiar: animadora de personal masculino
"Importante empresa del sector financiero requiere señorita joven con excelente presencia para cumplir tareas de animación y motivación del personal masculino. Enviar CV con fotos de cuerpo entero."
- Hola, habla Nina.
- Buenos días Nina, recibimos tu candidatura para el puesto de animadora de personal y nos interesó tu perfil, quisiéramos concertar una entrevista personal.
Llegué por primera vez a este edificio imponente con una mezcla de curiosidad y excitación en partes iguales. Mi lado de niña traviesa sabía que estaba por dar un paso muy importante y para nada profesional. Hasta mis 25 años sólo había conseguido trabajos de camarera, mal pagados, con horarios imposibles, cero satisfacción. Por un poco más de dinero y un horario decente, estaba dispuesta a dar lo mejor de mí.
Me recibió Lola, de Recursos Humanos, y para mi sorpresa me llevó a una especie de cambiador donde me probaron distintos estilos de ropa y me tomaron fotos desde cada ángulo, incluso desnuda entre cambios. Lola examinó minuciosamente cada centímetro de mi cuerpo, sin miramientos. Acostumbrada a dejarme observar, posé para ella con desparpajo.
Me hizo varias preguntas, interesándose en particular por mi vida personal. Soltera, sin hijos ni intenciones de tenerlos, me gusta bailar, socializar y crear un buen clima de trabajo - respondí para su deleite.
- Creo que estamos para pasar a la siguiente fase - decretó Lola, y me envió ataviada con una falda corta, tacones altos y un top que apenas me cubría los pechos a la oficina de Marcos. Pareció aprobar las miradas que levantó mi caminata de pasarela por los pasillos de la oficina.
Marcos me examinó de arriba a abajo y pareció complacido. Cuando finalmente me dirigió la palabra, fue en forma severa y directa.
- Necesito que mis empleados tengan ganas de venir a la oficina. Lo que tengas que hacer para conseguirlo, y hasta dónde estés dispuesta a llegar para ello, no me interesa. La paga es mínima, y aumenta en base a tu rendimiento.
Una semana de prueba. Siete empleados en el departamento. Yo, lista para todo.
Lunes: la niña inocente que sirve el café
Llegué a la oficina temprano, con unos pantalones apretados que resaltaban mi culo bien trabajado, y una camisa blanca sin nada debajo, con mis pechos balanceándose libremente con cada movimiento. Recibí a cada empleado con mi mejor sonrisa y dos besos intencionalmente pronunciados con mi boca de labios carnosos y bien maquillados.
- Buenos días, yo soy Nina. A partir de hoy estoy aquí sólo para hacer que su día en la oficina sea lo más placentero posible. Me gustaría servirles un café, si hay algo más que les gustaría que les haga no duden en ordenármelo y los serviré con todo gusto.
Mi acento argentino y mi actitud traviesa dieron en el clavo. Los siete levantaron la mirada y noté más de una risita socarrona. El juego había comenzado.
Martes: conociendo al equipo
Un masaje desinteresado en los hombros de Javier. Un café con dos de azúcar para Juan. Una mirada de admiración mientras Alberto me mostraba su presentación. Un cigarro a medias con Cristian. Una charla sobre lo difícil que estaba la mujer de Carlos. Más tarde, sentada en las rodillas de Pablo durante una reunión. Y el roce de los pantalones de Martín mientras me agacho a recoger unos papeles que dejé caer para nada accidentalmente.
El equipo empieza a hacerme un lugar, todos quieren algo más.
Miércoles: almuerzo con show en vivo
- Hemos tenido una mañana muy estresante, querido equipo. Los espero en el almuezo para descomprimir con un poco de música.
Voy vestida como una zorra de cabaret. Pongo reggaetón, me siento en casa. En el comedor, empiezo con un suave meneo mientras me acerco a cada uno, sonrío, logro que se sientan cada vez más a gusto. Y la temperatura va subiendo.
Me levanto la falda de a poco mientras les perreo al ritmo de la música. Bailo un poco para cada uno, luego en el centro de la escena. Sus miradas sobre mi me calientan, me impulsan a dar más y más.
Me doblo sobre la mesa para que puedan ver mis caderas desde atrás. Siento alguna mano que se va atreviendo a rozarme las piernas. Los miro a los ojos y los pongo a mil.
Mis manos sobre el escote, jugando a mostrarles un poco más. El mini vestido no deja mucho a la imaginación, los veo acomodándose el pantalón.
Jueves: espacio de relajación
Abierto a quien lo necesite, un momento en privado conmigo para bajar un cambio y hacer una pausa.
Se anotan los siete, en fila para verme.
Los atiendo uno por uno, pregunto qué les gustaría hacer conmigo. Uno me pide un baile entre sus piernas, otro quiere mirar mientras me toco. Los más osados piden mamadas y accedo a darles unos besos tímidos y mojados. Los pongo a mil dejándome manosear por todas partes, y sin darme cuenta me voy mojando yo. Al último y afortunado, lo dejo quitarme la tanga empapada y llevársela de regalo.
Todos salen con una sonrisa.
Viernes: la competencia
Ya hemos entrado en confianza. Mi uniforme se ha reducido a una pequeña tanguita negra, que me corren a un lado y a otro para introducirme algún dedo que luego me hacen chupar. Me pasan de un regazo a otro, me saborean las tetas, me obligan a moverme por la oficina en cuatro patas. Chasquean los dedos para solicitar una rica mamada, a la que accedo gustosa, tragando bien hasta el fondo. Apuestan a ver quién me da la nalgada más fuerte, y voy por ahí con el culo marcado de dedos.
Con la autorización de Marcos, esta tarde se organiza una competencia interna. El mejor desempeño de la semana tendrá el honor de comenzar el festín.
Espero, completamente desnuda sobre la enorme mesa de la sala de conferencias. Boca arriba, con los brazos sobre la cabeza y las piernas extendidas, cruzadas a la altura del talón.
El primero en llegar es Pablo, mi favorito desde el primer día. Tiene una verga corta y ancha, completamente deliciosa. Lo miro, atenta a complacer todos sus deseos. Se monta sobre mí a la altura de mi rostro. Me sacude la verga por la cara, los labios. Me ordena que la bese y me la mete en la boca con firmeza, hasta la garganta. Me estoy mojando como una perra, la quiero dentro ahora mismo. Los demás miran y festejan como me coge la boca hasta ahogarme, agarrada del cuello.
Los dedos de Pablo van bajando y notan lo mojada que estoy, no puedo controlarme. Me da una bofetada húmeda y me mete los dedos llenos de mi líquido en la boca. Chupo con ganas.
Me pone de rodillas sobre la mesa, enterrándome la verga bien dura entre las nalgas. Muevo las caderas para él, esperando que me coja pronto. Me agarra de los pelos y empuja mi cabeza contra la mesa, exponiendo mi culo completamente a su merced. Instintivamente, pongo las manos detrás de la espalda y siento el frío de la mesa en mis pezones duros.
Tironeándome del pelo, me obliga a mamar una verga tras otra, mirando de cerca si me las meto todas bien hasta el fondo. Obedezco sin quejarme, Pablo tiene la costumbre de nalguear muy duro si no me porto bien. Me sigue apoyando la verga gruesa en el culo y me pregunto cuándo se decidirá a meterla, cada vez estoy más mojada. Uso mis manos para abrirme de a poco las nalgas y ofrecerle mi culito apretado, me gusta como me frota la verga venosa, mojándola en mi vagina y contorneándome el agujero del culo, está cada vez más cerca.
Ya no puedo contener el deseo, mis manos mantienen mi culo totalmente abierto esperando la rica verga de Pablo. Tomándome del cuello, me obliga a girar en cuatro patas, ofreciendo mi culito a cada compañero para que apunten un buen escupitajo. Quien lo meta en el centro - dice - se la folla por el coño mientras le abro el culo a la puta esta.
Hago caso a Pablo, pero me esfuerzo en abrirle bien el culo a Javier, que tiene una verga preciosa que no me entra en la boca sin hacerme atragantar. Es la pija que quiero y voy a hacer todo lo posible para sentarme en ella. Doblo la espalda al máximo para quedar bien entregadita y me estremezco cuando siento el escupitajo justo en el agujero. En pocos segundos estoy recibiendo esa verga exquisita en la vagina mojada, resbala fácilmente dentro de mí ante los aplausos del equipo. Bien llenita de verga, ya estoy lista para que Pablo me abra este culito que hace rato espera por él.
Me muevo despacito mientras Pablo se apoya en la entrada de mi culito. Me agarra fuerte por los hombros y pego un grito de dolor mientras me la mete hasta adentro de un tirón. A pesar de la saliva que cada uno me ha dejado, duele que me penetre una verga así de gruesa en mi estrecho agujerito, de golpe y por la fuerza. Me voy acostumbrando al dolor con cada embestida y siento que mi culo se relaja, dejándose penetrar cada vez con más fuerza.
La verga de Javier y la de Pablo dentro mío, casi se siente cómo se rozan entre sí a través de mi cuerpo.
Javier me llena de placer, Pablo contrarresta con dolor, y yo me abro el culo con las manos deseando que esta sensación nunca termine. Los demás esperan su turno mientras me refriegan sus vergas por la cara y las tetas, cualquier rincón de piel que les quede cerca. Me escupen y dan nalgadas, y yo no puedo hacer otra cosa que pedir más. Más verga, más duro, más rico.

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