Esperame en casa
Mi novio está por llegar del trabajo. Y quiere que su muñequita lo espere con muchas ganas...
Me enamoré de Dimitri con veinte años. Me sedujo desde el primer momento su mirada firme de ojos azules, sus anchas espaldas y sus brazos fuertes. Pero fue cuando nos conocimos más que caí rendida a sus pies.
Tiene esa forma de cogerme con fuerza de hombre mayor, de darme las órdenes más atrevidas y de hacerme obedecer sólo con su voz grave que me pone de rodillas. Con él, mi sumisión es total.
El viernes por la mañana comenzó caliente. Me despertó la aspereza de sus manos sobre mi cuerpo. No terminaba de abrir los ojos cuando me tomó por el cuello y se inclinó sobre mí, restregando su verga dura y caliente sobre mis labios.
- Buenos días Nina - me dijo al oído. - Hora de empezar a mamar.
Me penetró por la boca hasta hacerme atragantar, descargando su erección matutina en mi garganta.
Una gota se deslizó por la comisura de mis labios, la recogió con un dedo que luego me hizo lamer. Así le gustaba, verme tragar cada gota de su leche caliente y dulzona.
Antes de salir para la oficina me dejó la lista de exigencias para la jornada. Como ya era costumbre, debía mandarle fotos y videos durante el día para que viera que seguía sus órdenes al pie de la letra.
Este viernes quería la casa reluciente, y eso implicaba ponerme el uniforme de limpieza que había elegido para mí: una tanga diminuta de encaje blanco con una mini faldita que dejaba mi culito bien redondo casi al descubierto, sostén de encaje transparente, liguero y medias, y para terminar unos tacones con los que debía caminar todo el día fregando y barriendo.
Desfilé para él con mi atuendo de mucama y me demostró su satisfacción con unas buenas palmadas en el culo que me lo dejaron rojo y ardiendo por un par de horas.
Con la minuciosidad que me exigía, enceré de rodillas el parquet de su enorme apartamento, limpié y pulí hasta dejar brillante cada centímetro de la cocina y el baño, lavé su ropa a mano siguiendo cada una de sus indicaciones. Y a la hora del almuerzo, cuando más gente se veía pasar por la vereda de la avenida, limpié por dentro y por fuera los enormes ventanales que daban al balcón. A pesar de su actitud posesiva, a Dimitri le encantaban los comentarios sobre la muñequita que tenía en casa. Como me había enseñado, apoyaba mis enormes tetas contra el vidrio, y luego me ponía de rodillas, limpiando sin dejar vetas, para el deleite de vecinos y transeúntes.
Por la tarde, recibo una videollamada suya.
- Ve a la habitación y deja el móvil sobre la cómoda, quiero verte de cuerpo entero.
Obedecí inmediatamente y esperé la siguiente orden. Siempre me calentaba mucho esperándolo con estos preámbulos.
Hebillas en los pezones. Chorros de lubricante, corriéndome la tanguita para aplicarlo frente a la cámara. Un dilatador anal metálico que me hizo lamer antes de insertarlo en mi culo, que luego me hizo menear para comprobar que estuviera bien metido.
- De rodillas, perra. Y ponte tu collar. Deja la correa sobre la cama, no te la pongas aún. Creo que te daré unos latigazos ni bien llegar. - Ajusté el collar de cuero negro, a Dimitri le gustaba que apretara pero sin llegar a asfixiarme.
- A la cama, en cuatro patas. Quiero que te amarres los tobillos, bien apretados. Muy bien, juguetito mío, así. Ahora toma las esposas, te quiero con las muñecas sobre la cabeza y el culito empinado, esperando a tu amo. Tira las llaves al piso, te vas a quedar ahí hasta que yo lo diga. - Oí risas y aplausos de varios hombres. Mi teléfono estaba detrás mío, ya fuera de mi alcance.
- Date la vuelta, saluda a los chicos - me dijo Dimitri. Fue humillante ver a todos sus compañeros de trabajo del otro lado, vitoreando y felicitando a mi novio por la tremenda puta que lo esperaba en casa, atada y esposada, vestida de mucamita.
Me dejó esperando en esa posición más de una hora. Estaba excitada como una perra, pero no podía tocarme. Movía las caderas para sentir cómo el dilatador me abría el culito de a poco. Los broches de los pezones ardían y sólo me hacían mojarme más y más.
Cuando finalmente llegó Dimitri, lo primero que hizo fue pasarme dos dedos por debajo de la tanguita.
- Mojada como una puta barata - sentenció con desprecio. Me arrancó la tanga de un tirón y me la metió en la boca, para que sientiera lo mucho que me había mojado sin su permiso.
La minifalda no pudo protegerme de los fuertes latigazos que me asestó. Entre un golpe y otro, deslizaba todo el largo de la correa por mi vulva empapada, haciéndome estremecer con el roce. Sabía que el cuero mojado dolía aún más. Yo me retorcía de dolor pero aún así, después de cada embestida del látigo, subía más el culito entregándoselo entero, para que me siguiera dando más fuerte.
Tomó el tope del dilatador y lo hizo girar dentro de mi culito, abriéndolo con violencia y haciéndome gemir. Cuando lo retiró, me tomó de los pelos para tirarme la cabeza hacia atrás. Arqueé la espalda y abrí la boca, anticipando su siguiente movimiento. Lamí el dilatador, aún caliente de mi culo, mirándolo a los ojos. Me escupió en la boca mientras lo hacía.
Fue cuando lo vi cambiando el celular de posición que me dí cuenta de que estaba transmitiendo la escena en vivo, con mi culo enrojecido en primer plano.
Me puse loca de furiosa y excitada. Dimitri subió el volumen, y empecé a escuchar a unos veinte hombres que lo festejaban y alentaban a que me diera más duro. Decidí complacer a mi novio y demostrarle una vez más que soy su puta preferida. Me giré hacia la cámara con una sonrisita traviesa, y luego agaché la cabeza para dejarme poner la correa. Ahora empieza lo bueno - pensé para mis adentros.
Dimitri me tomó por las caderas y penetró mi vagina con brutalidad. Su verga gruesa y dura me hizo gritar con las primeras embestidas, llenándome por completo. Del otro lado del teléfono, sus amigos disfrutaban como fieras viendo cómo me sacudía hacia adelante y hacia atrás, tomada por la correa.
- Tu puta está pidiendo un dedo en el culo! - gritó uno de ellos. Dimitri sonrió con la idea y me hizo lamer uno de sus largos dedos, metiéndomelo hasta la garganta para hacerme salivar.
Levanté el culito bien hasta arriba y me dejé meter un dedo, luego dos. Los movía dentro de mí, como acariciándose la verga que seguía embistiendo con fuerza mi vagina apretadita.
- Quieren que le meta la polla en el culo? - preguntó Dimitri. Esto se había vuelto un espectáculo interactivo, en el que ellos decidían qué hacer conmigo, la putita del grupo.
- Que sí, que lo está pidiendo - alentaron excitados. Algunos habían sacado la verga y se pajeaban para la cámara. El efecto show me puso a mil y comencé a menearle el culo a Dimitri para que les hiciera caso. Me gané un buen tirón de correa que me dejó jadeando y un par de duras nalgadas, pero valió la pena cuando finalmente sentí la puntita de su verga mojada de mis jugos acariciándome el culo, describiendo círculos, preparando la embestida.
Como solía hacer Dimitri, en un solo movimiento me tiró hacia atrás de la correa y me la metió entera de un empujón. Sentí un espasmo de dolor que se incrementó mientras me penetraba más y más profundo, hasta sentir sus huevos que se apretaban contra mi vulva mojadita y suave. El público aplaudía y pedía un primer plano. Dimitri los complació apuntando el teléfono hacia mi culito bruscamente dilatado, y la sacó del todo para volverla a clavar entera una y otra vez. Yo gemía de dolor y de placer, pero mantenía el culo bien entregadito para mi amo.
- Dónde queréis que le dé la leche? - preguntó a sus amigos.
- Córrete en su culo y háztela mamar! - respondió uno.
Me deje culear con una fuerza que me pareció descomunal, incluso para Dimitri, que siempre me había cogido como un caballo. Entre el pudor y la excitación que me provocaba la escena, más la espectacular cogida anal de mi hombre, me vine con él cuando sentí el calor de su lechazo en lo más profundo de mi culo. Quedé temblando y retorciéndome, mientras luchaba por mantener el culo erguido y apretadito para él, que acababa a chorro. Me dio unas buenas embestidas finales y sacó la verga. El culo me ardía, abierto como nunca.
Me acarició el culo con la verga para recolectar la leche que me chorreaba. Mientras tanto, me desató manos y pies, enrojecidos de las correas. Finalmente, en primer plano para sus amigos, tiró de mi correa hasta ponerme a cuatro patas frente a él, y me abrió la boca con los dedos.
Me hizo lamer su verga, todavía dura, desde los huevos hasta la punta, dejándola reluciente, tragándome toda su leche, hasta la última gota.
Cuando terminé, me puso con las tetas frente a la cámara y me arrancó lentamente las hebillas de los pezones, apretando y retorciéndo para causarme más dolor. Me saltaron lágrimas de los ojos mientras sus amigos se corrían mirando.
Antes de cortar la transmisión, me dijo al oído: te has portado bien, putita mía. Creo que mis amigos te van a querer conocer muy pronto.

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