Baila para mí
![]() |
Sábado por la noche. Dimitri me dijo que preparó una noche especial para los dos.
Llevo poco tiempo en Barcelona, extraño mucho salir a bailar con mis amigas, y él lo sabe. Me está costando un poco adaptarme a esta ciudad, que él conoce como si hubiera nacido acá.
La idea de salir a tomar y bailar me enloquece, mi vida se ha convertido en poco más que esperarlo cuando sale del trabajo. De buena gana voy a ducharme, dijo que quiere que me ponga bonita y sé muy bien lo que eso significa. Me espera fuera de la ducha y me agarra fuerte del pelo para darme un beso. Hoy te quiero con el perfume ese que me gusta – dice con voz firme y ese acento ruso que me pone la piel de gallina.
Sobre la cama me espera mi outfit elegido para la velada. El corazón me da un salto y me pregunto dónde me estará llevando. Obediente, me calzo la tanguita abierta y las medias hasta los muslos. Él me mira impasible, serio, atento a cada detalle. Me doy cuenta de que puso mi música preferida cuando se me empiezan a mover las caderas. El ritmo latino lo llevo en la sangre, y él se sienta en una posición privilegiada para mirarme desde abajo. Deslizo el vestidito apretado, demasiado corto, sobre mis tetas. La tela resbala hacia abajo y entiendo que esta noche soy su trofeo, quiere que todos vean mi culito bien trabajado.
Me pongo los tacos altos sin rechistar y doy un par de pasos hacia el espejo. Me veo como una prostituta, y caminar a su lado así vestida, debo admitir, me calienta bastante.
Ponte a cuatro patas – ordena desde detrás de mí. Me arrodillo y lo miro, sumisa, esperando la siguiente orden.
Dimitri da unos pasos hasta colocarse frente a mí. Despacito, sin apuro saca su verga del pantalón y me roza con ella los labios.
Esta noche eres mi puta, Nina.
Asiento tímidamente. Me agarra fuerte el pelo haciendo que lo mire a los ojos.
¿Y qué hacen las buenas putas con una verga como ésta enfrente? – pregunta desafiante.
Abren la boquita y chupan hasta el fondo – recito, cuidando de usar el tono exacto que me ha enseñado.
Muy bien – exclama complacido, dándome permiso para mamarla por unos minutos, tal como a él le gusta. Lento, húmedo, hasta la garganta, con la lengua por debajo masajeando.
Me aterriza una nalgada que me estremece. Hora de irnos.
Nunca he estado en un Night Club, pero esto sí que parece uno. Sillones circulares, mujeres semidesnudas que bailan en tarimas mientras los hombres las disfrutan y manosean. Me ataca la inseguridad, ¿no había dicho que yo sería su puta esta noche? ¿Estoy por ver a mi novio con otra mujer?
Una camarera en topless nos trae dos copas. Al dejar la mesa, hace un gesto esperando que Dimitri le dé una nalgada. Me vuelvo loca de celos y apuro el trago. Dimitri se divierte paseando los ojos. No voy a permitir que una puta cualquiera arruine mi noche, voy a ser yo la más puta de todas.
Dimitri me hace un gesto para que suba a la tarima.
Este es mi momento. No será mi país, pero esta es mi música y allí abajo está mi hombre mirándome.
Dejo que se me suba el alcohol mientras bailo descontrolada, perreando hasta abajo, dándolo todo. Las luces no me dejan ver hacia abajo, y eso me pone aún más. Siento el aire entre las piernas y me va entrando calor. Cada tanto siento unas manos por las piernas, a veces un dedo que me acaricia por el tajo de la tanga. No veo su cara, per sé que Dimitri sólo puede tener ojos para mí. Pierdo la noción del tiempo.
Una rica nalgada me pone en mi lugar. Es su modo de decirme que baje, que ya está listo para mí.
Ven cariño, ven a bailar en mi regazo – me grita por encima de la música. No había reparado en el público que mis caderas han atraído.
Envalentonada por la audiencia, me coloco entre las piernas de mi hombre para dar un verdadero show. Mi culo roza su verga, cada vez más dura, cada vez más grande mi ego. Sus manos se deslizan hacia arriba por mi cintura y poco a poco se va deshaciendo de mi vestido, dejando mis tetas desnudas a la vista de unos diez o doce hombres. Me sonrojo un poco, pero veo que a él le pone y, al fin y al cabo, no soy más que su puta esta noche.
Empuja mi espalda hacia adelante para dejarme en cuatro patas. Como me ha enseñado, levanto bien el culito para dejárselo bien dispuesto. Los otros miran extasiados, algunos con la mano en el pantalón y otros con la verga fuera. No sé qué es lo que me espera.
Dimitri se saca el cinturón y se acerca a mi para una mamada. Nunca lo he hecho en público, así que me esfuerzo al máximo por comportarme como una buena puta. Me lo restriega un poco por la cara, luego me hace besar despacio la puntita. Si voy muy rápido, me corrige con un palmazo en la cara. Me siento humillada, los demás hombres lo festejan y se acercan cada vez más.
Lentamente me deja mamar más profundo, esa verga gruesa que me llena hasta la garganta. Me encanta chupársela, me encanta el miedo de hacerlo mal y recibir un cachetazo, me encanta sentir como gime cuando juego con la lengua entre sus venas.
Siento algo que se me enlaza en el cuello. El cinturón de cuero de Dimitri. Oigo aplausos y siento que se acercan más y más a mi cuerpo expuesto, cubierto solo con una tanguita que deja ver mi sexo mojado a un montón de desconocidos que se toquetean frente a mí. Dimitri ajusta el cinturón y me tironea para quitarme su verga de la boca. No sé qué sigue, estoy en cuatro sobre una mesa, mientras mi novio me tiene por el cuello con una correa de cuero. Nunca he vivido algo tan humillante, pero tengo que ser una buena puta y obedecer.
Vamos preparando tu culito, puta – me dice Dimitri al oído.
Y teniéndome por la correa con una mano, me levanta por la tanga con la otra. En manada, los hombres que antes miraban se turnan para asestarme nalgadas, mientras mi novio los arenga. Recuerdo las palabras que me dice cuando me toca castigo: “el culito bien arriba y te lo aguantas calladita”.
Algunos me acarician antes de golpearme, otros deslizan un dedo hacia el agujero que sólo pertenece a mi novio. Hago esfuerzos por no gritar de dolor, la piel del culo me arde, y éstos no tienen para cuándo. Me da vergüenza estar tan mojada.
Dimitri me ajusta la correa de un tirón y me agarra de las caderas para acercarme a su verga.
Si te portás bien te lo escupo antes, puta – me grita al oído agarrándome fuerte del pelo.
Obediente como le gusta, llevo mis manos hacia mi culo hirviente y separo bien las nalgas para que me la meta en el culo. Así me gusta – dice, y me clava un escupitajo que me estremece. Sé que le gusta mi culo por lo apretadito, porque se lo muevo rico mientras me penetra y me lo dejo meter entero de una embestida. Pero nunca lo había hecho en público, y me pongo nerviosa frente a esta multitud de hombres con la verga tan cerca de mi cara. Dimitri lo nota, y me recuerda al oído: ¿qué hace una buena putita con una verga enfrente, Nina?
Siento su miembro entrarme por detrás sin compasión, mientras mantengo el culito abierto para él, que me ahorca con la correa para metérmelo hasta el fondo. Con unas nalgaditas me indica que lo mueva para él, y comienzo a meneárselo al ritmo de la música. Los demás miran extasiados como gimo de dolor mientras la verga bestial de Dimitri se me clava dentro de un solo golpe, una y otra vez.
No me deja tiempo ni de retomar el aliento, que la primera verga desconocida y dura se me estampa contra la boca. Dimitri tironea de la correa para ordenarme que la mame rico, como si fuera la suya. Me zamarrean hacia adelante y atrás, para llenarme la boca y el culo de verga. Voy olvidando la vergüenza con lo rico que me coge Dimitri, su verga en el culo siempre me ha hecho disfrutar y el hecho de poder comerme otra mientras me lo hace me está poniendo cada vez más. El hombre que me la está haciendo chupar me agarra del pelo complacido y Dimitri, como premio, me escupe de nuevo en el culo. Caliente, dura y mojada, me hace levantar más el culito para que me entre más profundo.
El extraño que me está cogiendo la boca se pone tenso, me aprieta más metiéndome la verga hasta la garganta y yo, entre lágrimas, siento como me llena con el líquido dulce y pastoso que tanto me gusta. Con la boca llena, miro a Dimitri para pedirle permiso.
Trágatela toda, puta – me responde, y llama con un gesto al próximo en la fila para hacérsela chupar.
Comienzo de nuevo obedeciendo a mi hombre, y le doy un par de lamiditas en la punta de la verga. Siento la verga de Dimitri ponerse más y más dura en mi culo, y entiendo que estoy siendo una buena putita. El segundo hombre me la mete hasta la garganta, y Dimitri me aprieta la cintura para enterrármela aún más. Sé que está por llegar, y le abro más mi culito con las manos para que sepa que es todo suyo. Se lo muevo rico y apretadito, y finalmente siento el chorro de leche calentita llenarme bien la cola, mi momento favorito. Se queda gozando unos segundos y al retirarlo me da dos fuertes nalgadas. Yo sigo mamando extasiada, bien hasta el fondo, mientras los demás esperan su turno de lechearme la boquita.
Dimitri se acerca a mi cara y yo, con la boca llena de verga, pregunto con los ojos si le gusta como la estoy mamando. Me da un cachetazo de aprobación y anuncia: la leche que no te tragues te la darán por el culo, puta. Los demás aplauden y se infilan hacia mi parte posterior. Dimitri me arranca la tanga de un tirón y entrega el listón de mi correa al primero de la fila.

Comentarios
Publicar un comentario